Vicio y subcultura Ciutadance, ¡que vi-vi-viva la fiesta!

Una vez más, ‘Primera Línea’ no se hace para nada responsable de las tóxicas y desproporcionadas opiniones vertidas por Javier Blánquez en Vicio y subcultura. Es más, ni el propio Blánquez se hace responsable, pero eso ya es otro cantar.

Ciutadance
Javier Blánquez | 02/10/2015 - 9:17

En Cataluña ya hay dos fiestas que deberían considerarse patrimonio de la humanidad, estar editadas en vídeo -a poder ser en Blu-Ray- y enseñarse en las escuelas de la vida peligrosa para futuros adolescentes descarriados.

No hablamos ni de la Patum de Berga, famosa por su jolgorio rural y primitivo, ni tampoco de la abundante siembra de potadas en las aceras de las fiestas de Gràcia, sino las celebraciones de Joan Laporta en Luz de Gas tras el 2-6 del Bernabéu, botella de cava en mano, purazo y corbata desanudada -pose que intentó imitar Artur Mas el otro día y no le salió bien, por mucho que bebiera a morro el néctar del Penedès que rulaba por allí- y, por supuesto, la de la sede de Ciutadans durante el pasado 27-S, en el hotel Barceló Sants.

 

La fiesta suprema

¡Qué dichosa estampa! ¡Qué imagen formidable! La vimos por televisión, cuando conectó Antonio García Ferreras, y aquello parecía el Space de Ibiza a las siete de la mañana mientras Carl Cox pinchaba unos clásicos del house. El plano desde atrás, enfocando al estrado por el que iban a pasar los líderes a echar el discurso, era comparable a los de las Boiler Rooms: detrás, una claca eufórica, brazos en alto y desfasados, y delante toda la muchedumbre fiestera, pasadísima de alegría, muy metidos en el tema, luciendo pulseritas, buscándose la llave en el pantalón para luego, que había que volver, hincando el codo en el brazo del compañero de al lado. Todo muy coordinado, como si estuvieran bajo los efectos de la misma euforia post-electoral: no siempre se mete uno entre pecho y espalda 25 diputados autonómicos.

Al día siguiente, que en realidad era la misma noche del recuento de votos, en numerosos perfiles de Twitter y Facebook ya empezó a circular la gran imagen de la noche. Nos la podíamos haber imaginado, porque cuando Inés Arrimadas, preciosa ella, con el gloss recién aplicado y tras el cambio de modelo entre las bambalinas de producción, detrás tenía a un Albert Rivera recto en el porte, con la mirada al cielo y la boca apretada, para no descomponer ni por un segundo el semblante, conteniendo a toda costa que se le disparara una sonrisa, una sola línea del rictus o una furtiva raya del traje, bien planchado, perfecto según los estándares de la moda masculina préte à porter que ha implantado su formación, o sea, una equidistancia medida entre Emidio Tucci, Cortefiel, Hugo Boss, un poco de Armani cuando llegan las pagas dobles, Massimo Dutti, Caramelo, etc. Rivera estaba manteniendo la compostura porque no quería chupar plano, pero ya se le notaba la gota de sudor del subidón, se estaba desfasando encima, tenía ganas de saltar y celebrar el momentazo. Se le iban, como comúnmente se dicen, los pies.

Inés-Arrimadas

¡Underworld!

Pero hablábamos de la imagen de las redes, el gran meme de las autonómicas/plebiscitarias catalanas. Esa efigie griega, esa mezcla entre lo apolíneo y lo dionisiaco, mirando a Cuenca. Le teníamos ahí, ante la cámara de La Sexta, Rivera triomfant, él solo ante el mundo entero, como cuando Alejandro Magno contempló las estepas de Asia y supo que toda la tierra conocida estaba bajo sus pies, embriagado de gloria, los párpados como persianas venecianas, el moflete laxo, los dientes blanquísimos, las pupilas desplegadas ante su inconcebible heroicidad, ante la hazaña de acaudillar a toda una nación de millones. ¿Quién no hubiera estado como fuera de sí en ese momento? Nunca habíamos visto así a Rivera: tan -como dirían los ingleses- spaced out, como en éxtasis cuando el dj pincha el ‘Born Slippy’ de Underworld y sientes como que sangras, como que conectas con el universo y la realidad se deshace en hebras de desmaterialización cósmica.

Las malas lenguas, los bromistas de las redes, hicieron sus interpretaciones. Nada buenas, hay que decir. En el mundo hay tanta envidia, tanta maldad, que se quería atribuir a ese rostro sudado, agotado, un efecto poco natural. Mentiras de perdedores: Rivera era en ese momento como un místico del barroco, como un San Juan de la Cruz tras contemplar al Espíritu Santo, un hombre ungido por lo inefable, víctima de la abstinencia de la campaña -una época de rigores, de sacrificios-, finalmente liberado y feliz. Su química interna había bullido como una sopa de endorfinas. Era el hombre transpuesto, traslúcido, que vivía sin vivir en él pues tan alta vida esperaba que moría porque no gobernaba (aún). Y a su alrededor, la hinchada de Ciutadans se transformaba en la multitud raver de Ciutadance: cánticos futboleros coreados a pleno pulmón, aspirando el aire español como si fuera el más puro de aquí a América. Cuentan fuentes de fiar que la fiesta se alargó hasta tarde: ni la gran noche de Raphael se puede comparar a la gran noche del partido naranja.

Puestos a elegir entre un partido herbáceo, como la CUP, o un partido vasodilatador, como el PSC, algunos preferimos a Ciutadans, lógicamente. Las chicas son un amor y los hombres son HOMBRES de verdad. Sólo hay que analizar su look detenidamente: los grandes mandos –Rivera, Girauta– siempre se desabrochan dos botones de la camisa, la corbata se la quitan excepto cuando hay trazas de solemnidad, y no tienen miedo en enseñar el pelo del pecho porque ellos son la vanguardia de la especie, descienden directamente de los íberos. Llevan pulseras y cadenitas discretas, como si tuvieran pase VIP en Pachá o la invita para una soirée en un yate atracado en el puerto de Formentera, visten de telas semigruesas y dejan asomar el cinturón, porque las faldas del sayo las llevan por dentro, o colgando por detrás tipo pub con música de los 80 a las tres de la noche, intentando ligar a a desesperada, con el quinto cubata en la mano, con el mechero presto a iluminarse, invitando a fumar.

Les podéis decir de todo: derechistas, liberales, fachas, marca blanca del PP. Quedaréis como unos ignorantes. Por favor, admadlos. Es vuestro partido y lo sabéis. Hay candidaturas que no saben celebrar, pero en Ciutadans, o sea, Ciutadance (el copyright es de @indiesaltrena, y como tal se le reconoce), saben lo que es la fiesta. Lo saben muy bien. La de la democracia y la otra. Respect.

Arrimadas-y-Rivera

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