Vicio y subcultura ¿El mayor hijo de puta del techno?

Javier Blánquez ha identificado al tipo más odioso del planeta. No se trata de un genocida, un inspector de Hacienda o un concursante de reality, sino del portero de uno de los clubs de techno más populares del mundo, el legendario Berghain de Berlín. Legendario, porque Sven Marquardt está en la puerta.

Sven Marquardt
Javier Blánquez | 16/03/2015 - 14:04

Para mucha gente a la que le gusta el trasnoche y la farándula, nada se ha vuelto más frustrante en los últimos años que intentar colarse en el club Berghain de Berlín y no conseguirlo.

Durante largo tiempo se han escuchado historias aterradoras de clubbers que, ya fuera porque estuvieran de paso -durante unas vacaciones, o un fugaz peregrinaje, como en los viejos tiempos antes de la crisis, cuando era habitual pillarse vuelos baratos de Easyjet y estar dos días de empalme-, o residiendo en la ciudad de manera estable, no encontraban la manera de franquear la puerta del club más famoso de Alemania.

Porque entrar en Berghain se ha vuelto más difícil que penetrar en la anatomía de ciertas señoras: el criterio de selección es cuanto menos arbitrario, y el derecho de admisión -que el club se reserva por completo- ha dejado a quien menos te lo esperas de patitas en la calle.

Las historias que se explican son de este clase. Hay quien asegura que no le dejaban entrar porque hablaba un idioma extranjero (con la acusación de xenofobia tibiamente implícita). Otra dirá que por su cabellera negra, ya que ese día, por la razón que fuera, solo dejaban entrar a rubias. Hay quien afirma que una vez cubierta la cuota de mujeres, ya no dejan entrar más y no importa quien seas, que ahí sólo entrará quien tenga un pene colgando -y no cualquiera-, pues en el fondo Berghain es un club gay y si entran mujeres es para despistar.

Otros criterios que se usan para filtrar el acceso en la puerta van desde el tono de piel -no gustan la tez que indique procedencia mediterránea- al ir demasiado bien vestido. Misoginia, racismo, heterofobia, votar a Podemos: hay cosas que no les molan. Y lo que ocurre es que no hay manera de saber cómo entrar. Decía Einstein que Dios no juega a los dados con el Universo, pero el portero del Berghain sí lo hace con los que intentan acceder a su local.

Berghain

 

Vuelve el hombre

El portero del Berghain es Sven Marquardt, y es posiblemente uno de los tipos más odiados de la tierra, puede que solo con permiso de Belén Esteban. Antiguo fotógrafo fogueado en el arte de la admisión en algunos clubes del circuito gay berlinés, hace diez años que controla la puerta de Berghain y a su mando aquello se ha convertido en un reinado del terror.

Ríanse ustedes de los decapitadores del IS -o de los guillotinadores de la Francia de 1793– o de Messi infiltrándose con la pelota en los pies en el área rival: no hay situación que provoque más pavor entre la gente que estar en la cola del Berghain y ver cómo poco a poco llega tu turno.

Rodillas temblorosas, canillas flojas. Porque no se trata sólo de esperar: se trata de ver cómo la cola se adelgaza porque Marquardt ha decidido que el 90% de la gente que está esperando no va a entrar. Por sus santos cojones. Por cada uno que cruza la puerta, nueve son despachados con un gesto soberbio y discreto, un “no” pétreo e innegociable, una humillación en toda regla.

Odiamos a Marquardt porque tiene un poder ilimitado y sabe administrarlo, y no hay manera de encontrar un atajo para evitar el trance de enfrentarse a él cara a cara. La lista de invitados en Berghain es un documento escueto y demasiado exclusivo al que sólo tienen acceso el propietario del club y algunos dj`s residentes con influencia -o sea, sólo es posible entrar por amiguismo, y no es que sea pan comido-. Así que la única manera de cruzar la puerta es sosteniendo la mirada envenenada de la bestia con tatuajes, piercings y aspecto de marica veterana, mala malísima, curtida en profundas mazmorras sadomaso, que como el Can Cerbero custodia las puertas del infierno.

Sven Marquardt

 

Hay quien dice que Marquardt disfruta como una perra despreciando a la gente y mandándola a su casa, aunque él siempre ha explicado que su trabajo consiste en cuidar la atmósfera de Berghain, y que eso sólo se puede hacer sabiendo bien quién está dentro y quién de los de fuera puede sumar calidad en vez de hacer bulto.

 

El club más peculiar del planeta 

Berghain es, ciertamente, un club especial. Ubicado en una zona descampada en los alrededores del barrio berlinés de Friedrichsain, por dentro es una estructura de cemento armado gris y fea, iluminada tibiamente por ventanas rotas cuando es de día -no es que Berghain abra durante 24 horas los fines de semana, pero casi-, o por luces estroboscópicas durante la noche.

La sala principal es un cuadrilátero casi negro en el que suena un techno atronador para deleite de tipos con brazos como jamones, camiseta de tirantes y boina; la sala segunda, llamada Panoramabar, es un espacio estrecho en el que se pincha un sonido más elástico -primero fue minimal techno, ahora deep house-, y si uno investiga el interior de las tripas de la bestia, además de una terraza y un pasillo con jaulas, acabará descubriendo el cuarto oscuro, donde se juntan los homosexuales más chungos de Berlín a hacerse colonoscopias. Lo decíamos antes: Berghain comenzó como club gay, y en gran medida sigue siéndolo.

¿Cómo entrar? Además de la clientela fija de toda la vida, con un demostrado pedigrí berlinés llega hasta los tiempos del Káiser Guillermo y que ya conoce al portero -y que el portero sabe que son el alma de la orgía-, para el resto del mundo no hay una fórmula eficaz que permita el acceso.

Berghain Berlín

 

En un club normal, lo habitual es comerte el tiempo de espera en la cola -que pueden ser cinco minutos o media hora, pero entras-, pero en Berghain siempre será según le pique al amo del calabozo. Ni siquiera ser una leyenda del house te va a garantizar un trato especial: Felix da Housecat, uno de los productores house más populares y creativos de los últimos 20 años, pilló un rebote monumental hace muy pocas semanas porque no le dejaron entrar -y con toda la taja encima se dedicó a despotricar de Berghain en Twitter, acusando al portero de racista-.

No está claro si Felix da Housecat no pudo entrar en Berghain porque era negro, o porque efectivamente era famoso, o por estrategia promocional, o porque iba demasiado pasado de vueltas, o porque vestía mal y su cuerpo emitía ese olor de quien ha mezclado whisky, putas y pocas horas de sueño.

Quizá haya maldad en Marquardt, y el hombre disfrute, como ese niño sádico que captura una mosca y le va quitando cuidadosamente las patas y las alas al insecto: disfrutaría viendo los berrinches que se pega esa chica desesperada que ha esperado durante una hora y justo cuando tiene la entrada en frente es rechazada por sexta vez consecutiva, o despachando a ese joven tan acongojado que ni siquiera protesta, se da la vuelta, se va y llora junto a un matorral.

Si esto fuera así, el portero del Berghain tiene el mejor trabajo del mundo: le pagan por putear al personal con una impunidad que no se conoce ni siquiera entre los mandos del Ejército de Tierra. Se habla de gente que lo ha probado todo -no hablar para no delatar su acento, fingir otro acento, mirar a los ojos, evitar la mirada, dividir un grupo amplio en pequeñas células de dos personas (chico y chica, o chico y chico; nunca dos hembras, eso sería un error garrafal) porque a las pandillas se las rechaza por sistema; ponerse gafas, cambiarse el color del pelo, llevar ropa de repuesto para ajustarse a la estética de los que entran, etcétera-, pero que no ha conseguido entrar casi nunca.

 

Las leyes del equilibrio

A Marquardt, sencillamente, no se la cuelan. Su misión es que lo que ocurra dentro de Berghain se mantenga a la altura del prestigio acumulado durante años, y explica que debe guiarse por su instinto y la experiencia para saber, de entre todo el ganado que hay fuera, quién va a aportar algo al ambiente y quién no.

Si hay demasiada musculoca, se necesitará una mayor proporción de chicas. Si han entrado demasiadas tías, querrás unos cuantos heteros. Si son las tres de la tarde y hay poco público, quizá consigas entrar con mayor facilidad, aunque te habrás perdido ya lo mejor de la noche. Si hablas español, cállate la boca: tenemos fama de borrachos, de dar problemas y de gastar poco dinero.

Incluso si te crees importante porque tienes un cargo directivo en un sello, un festival, eres artista o una celebridad en cualquier campo, asúmelo: una vez te encuentras cara a cara con la Esfinge, no eres nadie y él es dios. Y si decide que no, es que no. Ni se te ocurra rebotarte: saldrán unos gorilas con cuádriceps hasta en las orejas que te devolverán de una patada al infecto Kreuzberg del que has salido.

Ni se te ocurra ir vestido elegante o de hipster; no les mola. Y tampoco te hagas la marica obvia: no cuela. Evita los grupitos de tres. Evita mostrarte con demasiados nervios. Evita mostrarte demasiado seguro. No intentes llamar la atención. No intentes NO llamar la atención. No intentes nada: no hay nada que puedas hacer.

Si odiar es un arte, y dentro de ese arte cagarte en los muertos de alguien es una forma depurada de canalizar el desprecio, Sven Marquardt es probablemente uno de los sujetos más odiosos del mundo, alguien en quien te gustaría volcar el contenido tuberculoide de tu intestino grueso y devolverle con heces todas las humillaciones recibidas durante años.

Porque un ‘no’ de Marquardt implica ese problema: siempre molesta ser rechazado en la puerta del Berghain. Si te dicen que no en cualquier otro lado, en realidad te la suda: el mar está lleno de peces si se trata del sexo, y de clubes si se trata de salir de fiesta. Pero Berghain se ha construido un mito -un mito que no es para tanto, que servidor ha estado dentro y tampoco es que me cambiara la vida-, y fastidia no formar parte de él. Cuando se está en la cola de Berghain, hay mucho ego flotando: yo voy a entrar aquí, voy a formar parte de esto, por mi coño o mis santos cojones. El aroma que le llega a Marquardt es más intenso que el olor de pies de Björk, lo detecta y entonces ya estás muerto: tú ya no entrarás. La soberbia no tiene premio.

Se seguirán explicando historias terribles sobre la cola del club berlinés. Hay quien ha diseñado una app para móviles que te cuenta en tiempo real cómo es de larga la cola y que te permite llegar en el momento justo para, con un poco de suerte, poder entrar sin problemas. Hay quien afirma que hay una serie de saludos secretos, como los que se usarían para acceder a una logia masónica, que permiten identificarse como un habitual del club, o recomendado por alguien de confianza, y que Marquardt leerá como un signo de amistad que le hará sonreír y franquearte el acceso al umbral.

Hay muchos mitos, mucha tontería y mucho pánico relacionado con Berghain. Incluso hay gente que hace cola sólo para disfrutar el momento de ser rechazados: pero cuando hay ese tipo de gente, masoquistas de salón con mucho tiempo libre, Marquardt también sabe detectarla con su extraordinario sentido arácnido y entonces es cuando les admite, para que les joda pagar la entrada.

Sí, es el hombre más odiado del mundo. Y lo que más fastidia es que ese odio no le afecta: a Marquardt le encanta putearte, y le pagan muy bien por ello. Nos ha jodido.

Sven Marquardt 3

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15 Responses to ¿El mayor hijo de puta del techno?

  1. Jaja estas notas me sacan una carcajada

  2. Dr. Cano dice:

    Lo intenté un domingo, de vuelta de otro garito, pelín destrozado, algo mamao y con la coña de intentar entrar y probar suerte. El resultado, el obviamente esperado. A la puta calle sin ni siquiera mediar más palabra que el famoso “gästeliste”. Genera cierto rebote, aun a pesar de las escasas expectativas, pero se pasa rápido… No se si lo volveré a intentar. Disfrazarme de otra persona para colarme en un sitio es algo qud hacía para franquear entradas de garitos con 15 años. Hoy no. Y esto es extensible al resto de los estrictísimos, a la hora de la admisión, garitos de toda Berlín. Como dicen por ahí, hacer turismo de fiesta por Berlín, rollo Ibiza, es el error más grande del mundo porque, aunque quizá algo más laxos, hay muchos clubes de Berlín igual de gilipollitas con el acceso y una noche puede convertirse en un contínuo de rechazos tras esperaf colas y colas, frustrante.

  3. montondecaca dice:

    He vivido en mis carnes la experiencia de ser chutado de este club por decisión de este hijo de la gran puta! Después de esta desagradable experiencia en Berghain y otros clubes berlineses, desaconsejo a cualquier español ir a Berlín con el único propósito de conocer su noche.

  4. Inferno dice:

    Jua, jua, excelente articulo, enhorabuena, me he reido mucho leyéndolo.
    Vivi 8 meses en Berlin y nunca fui a Berghain, viviendo cerca.
    El Techno me la suda, y los porteros perdonavidas, ni te cuento.
    Aun asi, gran trabajo.

  5. Olivia dice:

    Vaya, al principio todo eran me gustas y elogios al artículo, pero ahora ya aparecen los primeros discrepantes y lo que están convencidos de saber más que el autor de este tema y de cualquier otro.

    El artículo es probablemente algo exagerado. Es humor, es sátira, y como tal tiene toda la guasa del mundo. Seguro que l tal Sven no es tan hijo puta como lo pinta, pero creedme que en Berlín es todo un personaje. Le han entrevistado varias revistas y cadenas de televisión y pronto va a editar sus memorias. Y su mérito es precisamente ese, ser un portero de discoteca con cara de asesino a sueldo bastante impredecible y un poco hijoputa, jajajaja.

  6. Nacho dice:

    Después de explicar de qué rollo va el garito viene la frase “todo el mundo deseando entrar”. Muy raro…

  7. Josip dice:

    eso no es nada verdad . ese portero trabaja ya rara vez en la puerta, yo llevo ya más que un año sin verlo en la puerta y voy una vez al mes los domingos, , casi todos rechazados son turistas, que se visten y comportan como en su ciudad y en la mayoría de los casos eso no es el rollo de berghain. Los otros son polígoneros locales que tampoco pintan nada ahí. Y hay más heterosexuales que homosexuales dentro. Creo que unos 70:30.asi que nadie lo ve o comunica como club gay. Hay gente de todas edades, sexualidades, razas, culturas etc..consejos para entrar: ropa deportiva usada, o fetich o muy alternativo,aunque hay mogollón de gente con ropa normal dentro, sin chulería (eso es el problema de la mayoría de los hombres heterosexuales que no entran) y sin actitud diva (eso es el problema de la mayoría de las chicas que no entran), sin grupos grandes (grupos siempre hacen problemas y molestan los demás). Te compotas NORNAL vas con tu mejor amigo y entras. Pero claro, si actúas algo que no eres pues se nota y no te dejan entrar que igual no es el club para ti, seguro ni te lo pasarías bien dentro. Que el berghain es muy duro en muchos sentidos. No es para cualquiera y nadie de los clientes habituales quiere ver caras de susto y asco dentro. Eso es lo que los porteros protegen fuera. Y no lo hacen por putear lo hacen para mantener el rollo de su club. La mayoría rechazada quiere entrar para verlo pero ellos solo dejan entrar a la gente que quiere entrar para participar y disfrutar. Y ellos saben muy bien distinguir esas personas pero obviamente también fallan. Al final :La cara de chulo de Félix de housecat me la puedo imaginar perfectamente.

  8. Alex dice:

    Muy bueno!! Me ha gustado el articulo, creo que es el primero que leo en español, y me apetece hacer una crítica de ello. Este club antes de abrirse, ya existia siendo un club pequeño llamado ostgut ton (sello actual del club). Por entonces su folosofia era la misma que ahora, “club gay” y con muchas restricciones al entrar, pero Marquad todavia no figurava en la puerta. En 2004 se abrió Berghain y es cuándo Marquad entró en escena teniendo la última palabra de quién entra y quién no, digo esto porque aunque parezca un HP son ordenes de gente más arriba y él hace su trabajo siguiendo la filosofia que siempre ha tenido este club. Pero si, como tu dices, es una gran putada cuando te dicen el ‘NO’ tan rotundo en la puerta. Lo de Felix D’Housecat tiene tela, pero tampoco me impresiona porque años atras también echaron a Frankie Knukles (fundador del house de Chicago, en paz descanse); entre otros famosos diversos que tampoco han entraado; por ellos un dj o un famoso tiene la misma probabilidad de entrar que una persona normal. Todo este método tan estricto, entre otras cosas, ha hecho que se convierta en el centro de atención de la gente intentando entrar (sobretodo para los turistas), su demanda en un fin de semana es brutal, por lo que si no echaran a gente el club llegaria al límite de capacidad más rápidamente. Yo he entrado en el club y también me han chutado, tu dices que también has entrado y que tampoco es para tanto (tampoco se si te gusta realmente la música), pero yo como amante de la música electrónica de verdad pienso que es otra dimensión, con un sonido inigualable, indiferentemente de su ambiente, creo que es frikismo electrónico en estado puro, con unos carteles espectaculares cada fin de semana donde tienes que saber bastante del tema para conocer los djs que van sobretodo en panorama, sitio que yo lo llamo la iglesia de la electrónica. Opiniones aparte, tu articulo es muy bueno contando cosas graciosas y a la hora reales!! Saludos!!

    pd: estoy deseoso para volver algun dia y intentar entrar en el mejor club underground que hay hoy en dia.

  9. Pablo dice:

    Buenísimo! Pero vamos, más odiado que Belén Esteban no creo que exista algún insecto que ni la iguale.

  10. IRENE dice:

    My view on Berghain after being refused to get in:
    Berlin, here I am. Give me your light, expand my mind, show me how to dance while laughing, and teach me how to smile while listening. Breathing your so special vibe I’m sure I won’t be able to live without a palm tree in the living room anymore.
    But Sunday arrives and dressed all in black we went to Berghain.
    -Sorry, we don’t speak german.
    + How old are you?
    Cool, at least the first man is thinking about it and needs to share opinion with the second one.
    Kind of heard something like “Spaniards” and the next speech we heard was: sorry, you’re not getting in.
    Suddenly it all fell down.
    After a second try and getting the answer “Because we said NO!” when asked why, I just took Berghain out of my mind.
    Reflecting on it, honestly, I’ve seen groups of friends that separate into pairs before the cue ( even we did it), people hidding what they are ( my self, trying to hide my curly latin hair) WTF!!? I feel I don’t want to meet the crowd that get in! Cold and alone people that hide themselves, not taking care of their friends. If you want to get in just think about yourself “Oh god! It’s Panorma! I can enjoy alone there! I just need to get in at all costs and nothing else matters”
    Sincerely I just miss not having tried out its Soundsystem.
    But please, before trying to get into Berghain think about this: would you perfer to pray alone in a cold cathedral or to shout, dance and enjoy with your true people in a church.
    Berlin is full of amazing churches so fuck cathedrals!

  11. Goiko dice:

    simplemente perfecto.

  12. Alejandra Mendoza dice:

    WOW! que manera de escribir, largo el ´texto, pero sigues y sigues no te deja despegar la vista hasta leer el final. Me ha encantado muy descriptivo y veraz!
    Yo he vivido eso en clubs de México en donde hay un racismo total, que bien ha descrito las sensaciones, la atmosfera, es como estar ahí siendo puteado y viendo como putean a los demás!

  13. Cornuda pero feliz dice:

    Un artículo genial, hay al menos una frase brillante, pero brillante de verdad, en cada párrafo. Menudo nivel…

  14. Julito dice:

    Sublime!!! me he partío toa la caja!!

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