Vicio y subcultura Gabriela Wiener, hablemos de sexo

‘Llamada perdida’ es lo último de la escritora y periodista limeña Gabriela Wiener. Un extraordinario libro cuya faceta viciosa y subcultural explora a conciencia Javier Blánquez.

Gabriela Wiener
Javier Blánquez | 28/04/2015 - 12:15

La última vez que hablé con Gabriela Wiener, me explicó que estaba experimentando los orgasmos más intensos de su vida. No conozco con detalle el historial erótico de Wiener porque la veo de uvas a peras (y más desde que ya no está en la redacción de ‘Primera Línea’), pero sus textos, su entorno y sus propias confesiones, que no son peliculeras en absoluto, avalan que esta mujer ha follado abundantemente y en varios continentes, y por tanto ha ido dando a lo largo de su vida con un amplio repertorio de culminaciones satisfactorias a sus encuentros íntimos.

Lo nuevo en esta ocasión es, según Gabriela, el descubrimiento de una nueva dimensión en el ménage à trois. Hay un texto en ‘Llamada perdida’ (Malpaso, 2015), su último libro, en el que diserta sobre los tríos y el frágil equilibrio de poder en el contexto del acto sexual, pero sus últimas experiencias le han llevado a territorios mucho menos cartografiados todavía.

 

Íntimo y explícito

Lo que me explicaba Wiener era que su curiosidad por el trío había evolucionado hacia el poliamor, que nada tiene que ver con el polígrafo de Conchita ni con el amor familiar, que permite sentir un afecto intenso por diferentes personas entre padres, hermanos e hijos.

En el poliamor se rompe la jerarquía dual del amor mutuo entre dos personas (eso que el filósofo Slavoj Zizek llama “el acto más egoísta en el universo”, pues excluye todo lo demás), y se expande el sentimiento a otras personas, en estructuras de tres o más amantes. Como decían New Order, es un ‘triángulo de amor extraño’, porque sólo funciona si la intensidad en el afecto es igual de fuerte en los tres lados; la cosa puede fracasar si una de las partes implicadas sólo busca sexo y no se vuelca con el mismo sentimiento puro.

Llamada perdida

Gabriela había encontrado en su nueva “novia”, que venía a sumar un tercer vértice en su relación con J., su pareja de toda la vida, un impulso sexual renovado. Una relación lésbica con amor, cuenta, es mucho más satisfactoria que una relación lésbica por simple curiosidad, y en el roce de sus clítoris, compenetrado, sin limitaciones ni tabús, con los labios actuando como ventosas, Wiener había tenido una revelación.

También explicaba Gabriela que algún día querría escribir sobre la experiencia, la del poliamor y la del siguiente nivel orgásmico, porque se había quedado fuera de Llamada perdida, un nuevo libro de confesiones íntimas, fragmentos de memorias, incursiones gonzo en los aspectos más desconocidos de la sexualidad y, por extensión, de la vida.

De hecho, siempre se ha tenido a Wiener como una autora para leer despreocupadamente con la mano izquierda, quizá porque su primer título editado en España, ‘Sexografías’ (Melusina), abundaba en testimonios sobre comportamientos sexuales que podríamos considerar extremos, algunos propios y otros ajenos. Pero tampoco es exactamente así. Wiener ni es una autora para pajilleros ni una Elena Ochoa hipster, ni tampoco una periodista al uso ni mucho menos una escritora de referencia para la nueva generación de sociólogas del sexo que defienden una revisión radical de los roles de poder desde el feminismo. Está en una tierra de nadie que causa perplejidad.

 

 

Un parto accidentado

Su segundo libro en España, ‘Nueve lunas’ (Mondadori) era una crónica gonzo de su embarazo: un relato viscoso, desagradable, sangriento y casi dictado por telequinesis por David Cronenberg en el que ella prefería sustituir la imagen de la maternidad como un milagro de la naturaleza por otra mucho más conflictiva, la de dar a luz como un acto animal y traumático.

Las portavoces del empowerment femenino no le tienen en consideración como deberían porque sus reflexiones nunca son un ataque al hombre -a Gabriela le encantan los hombres, es de la idea de que sin los hombres las mujeres están incompletas, al menos sexualmente hablando, que nunca hay que decir que no a una polla que se ponga ofrecida-, y porque su posicionamiento como mujer en la sociedad no deja de ser pragmático. Ella no ha venido a cambiar las estructuras de poder, sino para utilizar su poder natural en su persecución del placer y el conocimiento.

Sin embargo, la manera en que Wiener habla y escribe de sexo resulta mucho más valiosa que muchos ensayos del feminismo radical, porque tienen una cualidad persuasiva que atrae a los hombres a leer y, por tanto, comprender mejor cómo piensa y desea una mujer.

Gabriela Wiener

La manera en que explicaba el episodio de los orgasmos intensos en su relación poliamoroso con la chica introducida en su pareja para formar un trío, relato que siguieron más personas aquella tarde en la estación de Atocha, a la puerta del acceso al AVE, llevó a todo tipo de conclusiones. Por ejemplo, una chica joven pero experimentada, cazadora de efebos, se planteó por primera vez la bisexualidad (o la bi-curiosidad) como un camino a explorar (“yo quiero probar eso”), mientras que por la parte del hombre es fácil llegar a conclusiones antitéticas a las de Freud. Si Freud hablaba de la envidia de pene, la realidad demuestra que la sexualidad masculina es pobre en comparación con la femenina, mucho menos intensa, mucho más sacrificada, exenta de gracia. El planteamiento sería: quién tuviera un coño para disfrutar más.

 

Crecimiento negativo

En ‘Llamada perdida’, Wiener le dedica al sexo sólo una pequeña porción de páginas. El otro tema importante del libro es el de ‘decrecer’: ella ha tomado la decisión de empezar a vivir con menos -dinero, bienes materiales, aspiraciones- para encontrar la felicidad en las cosas auténticas. Dejó un trabajo muy bien pagado (pero esclavizante) para retomar su carrera como freelance por mucho menos parné, con mucho más sacrificio, pero a cambio también de más tiempo libre para hablar, leer, follar y todas esas pequeñas cosas que dan sentido a la vida, y que se reprimen cuando tienes que dedicar horas y horas a trabajos insatisfactorios.

De todos modos, y Wiener lo sabe, cuando habla de sexo su prosa va mucho más allá. Lo que ocurre es que parece como si no quisiera explotar el filón. Como si escribir mucho de experiencias (propias y ajenas) la encasillara como una autora guarrilla. Como si ya estuviera todo dicho en ‘Sexografías’.

Wiener es, ante todo, una escritora de raza que se enfrenta a la vida en toda su dimensión, que es precisamente lo que celebraba Fernando Sánchez Dragó el pasado 15 de abril en su blog Dragolandia, en el texto titulado ‘¿Quién es Gabriela Wiener?‘: “Literatura a modo de maraña de cables de alta tensión. Ráfagas, escopetazos y tranches de vie, como diría Zola, pero de vida filtrada siempre por la más implacable subjetividad, latigazo, harakiri y egografismo”.

Pero ella, antropóloga caníbal del sexo, sabe más de lo que cuenta, ha acumulado más experiencias de las que ha puesto por escrito, y tiene una visión potente, única y maravillosamente redactada sobre la sexualidad. Cuando dice en ‘Llamada perdida’ que se ha ido de putas por París, y no añade nada más, inmediatamente queremos conocer los detalles: cuándo, por qué, cómo se produjo el contacto, cómo fue la experiencia, qué buscaba, qué encontró.

¿Por qué no podemos tener 20 páginas al respecto? ¿Por qué no podemos tener cuatro volúmenes, al estilo de ‘Mi vida y mis amores‘, de Frank Harris? La pasada semana tuvimos el Día del Libro, y por supuesto recomendamos ‘Llamada perdida’. Pero para el año que viene querríamos otro libro, un monográfico extenso sobre la Wiener que más nos fascina, la que pusiera por escrito lo que cuenta en persona y en privado, porque tiene el don de captar tu atención con sólo decir “últimamente he tenido los Wienermejores orgasmos de mi vida” para luego callarse y obligarte a que le tires de la lengua. Gabriela, ese libro ya.

Llamada perdida

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