Vicio y subcultura La doble vida de CR7

Droga dura. Eso es lo que le parece a Blánquez la (supuesta) doble vida del futbolista portugués, que ha dado que hablar últimamente tanto por sus instintos de depredador del balón como por sus misteriosa escapadas a Marruecos. Vicio y subcultura tenía que hurgar en el asunto.

Cristiano
Javier Blánquez | 19/01/2016 - 18:26

El pasado 4 de diciembre se publicó en la prensa inglesa uno de los titulares más destructivos que jamás se hayan podido leer en un periódico (digital u otherwise). Por si se lo perdieron, ahí va. Fue Matt Heath-Smith del ‘The Sun’ y rezaba: “Cristiano Ronaldo mantiene una relación gay con un macizo luchador de kickboxer marroquí.

El texto que acompañaba al titular se hacía eco del comentario de un periodista francés en una tertulia deportiva, en la que dijo que había una vinculación directa entre el hecho de que el futbolista se hubiera comprado un jet privado, que viajara tres o cuatro veces por semana de Madrid a Marruecos para verse con Bard Hari (que es el amigo cachas) y el bajo rendimiento de su juego en los partidos anteriores.

El periodista francés dijo claramente que Ronaldo bajaba para recibir ‘abracitos’, y lo demás quedó plenamente implícito. Después de los cánticos de ‘Míchel maricón’, cuando ya teníamos superado el episodio ampliado del ‘Guti maricón’, una vez más la sombra de la homosexualidad en el vestuario planea sobre la Casa Blanca.

 

Rumores, rumores

Bueno, una vez más no. Uno de los ejercicios favoritos del antimadridismo, desde que el ariete luso fichara por el club de la Castellana, ha sido esparcir rumores sobre la poca hombría de Cristiano, que, la verdad sea dicha, no acababa de cumplir todos los requisitos de la metrosexualidad impuesta a base de estilo por el añorado David Beckham, un gentleman en el campo y en el papel couché.

Si Beckham mantenía un perfecto equilibrio entre el cuidado meticuloso y el descuido calculado, combinando barba con coleta, cambiándose el calzoncillo a diario y rasgándose levemente la tela del pantalón, y si se depilaba el entrecejo lo compensaba dejando asomar pelos en el pecho, Ronaldo nunca ha mantenido ese milimetrado racionamiento de su cuerpo.

Todos sus gestos siempre han hecho sospechar: el torso aceitado y pulcro, la obsesión por mostrar abdominal tras la celebración de los goles, el exterminio sistemático, como si fueran termitas en una biblioteca, de cualquier rastro capilar en sus muslos, la poca pasión con la que agarraba a una mujer de bandera como Irina Shayk, que en las manos de cualquier otro acabaría más sobada que el apóstol Santiago en año de Jubileo, etcétera. Y esto es sólo el principio.

Irina

Para justificar la irregular temporada que llevaba hasta diciembre, a pesar de la nominación al Balón de Oro, CR dio a entender que había pasado por problemas personales y que ya los tiene resueltos (de ahí que haya recuperado la racha goleadora, y tal). Pero los enemigos de la causa blanca, las voraces hienas de la carroña merengue, han aprovechado la ocasión para tocar el mismo talón de Aquiles que en su día ya machacara Paris Hilton, la primera persona en decir públicamente que el 7 blanco no le parecía del todo de fiar.

 

¿Paris bien vale una misa?

Recordemos aquel episodio: fue durante una de las vacaciones de la primera etapa de Cristiano en el Madrid, cuando pasó unos días a caballo entre Miami e Ibiza, y se rumoreó que había habido rollo con Paris. Paris, como buena arpía que es, siempre con hambre de prensa del corazón bien escogida y de publicidad gratis, se arrimó a CR para ver qué pillaba, y supuestamente se lo llevó al huerto, a pesar de que el futbolista no funcionó como debía y pegó un gatillazo todavía más sonoro que el del pasado 0-4 en el Bernabéu. Paris salió más tarde con declaraciones del tipo ‘no es un hombre de verdad’ y ‘la tiene pequeña’, que resultaron lo suficientemente elocuentes y que hicieron mucho por socavar el prestigio hetero del portugués.

Ya antes, su exnovia española de la etapa en Manchester, Nereida Gallardo (tremendísima señora, por cierto), en la época en la que visitaba con asiduidad el plató de DEC en Antena 3, venía a decir que Cristiano follaba poco y por cumplir, que se corría rápido y que se dormía tan pronto como había vaciado el cargador, dejándola siempre con ganas de más, insatisfecha y quizá hasta sin correrse.

Se puede comprender el despecho, porque no debe ser agradable para ninguna mujer que te abandonen para irte con Irina Shayk, pero muchos ya tomamos nota de que algo raro sucedía con el que muchos consideran uno de los mejores jugadores del mundo. Si se hubiera quedado en Inglaterra habría habido menos movimientos, menos rumor, menos habladuría, pero al venir a España, donde los paparazzi cobran doble y la industria del cotilleo genera tantos beneficios como la de la electricidad, tarde o temprano tenía que suceder que la prensa rosa se dirigiera hacia su persona como un buitre ante la carroña; con ansia viva.

Cristiano-Ronaldo

 

Carne de cotilleo rijoso

Desde entonces, han sido incesantes los rumores. Desde la rivalidad, no ha habido cuartel: los detractores de su juego, de sus colores y de su presencia humana ha hecho mofa con el hecho de que en el vestuario se le llame Cris -un diminutivo más para colegialas con la carpeta forrada de fotos de Chris Hemsworth que no para un futbolista multimillonario con el cuerpo esculpido como un Adonis-, y en vez de llamarle Cristiano le llamaban Cristina, y hacían circular ese tremendo gif, que siempre que aparece en Facebook corre como la pólvora, en el que en un entrenamiento en Old Trafford asoma la pelvis de un compañero -parece ser que es Wayne Rooney– con un paquete importante y de ahí su cara de estupor, de asombro ante el volumen y la geometría cónica del tema.

Luego están las interioridades de su casa, austera y cutre a pesar de los millones invertidos, con gimnasio particular y sauna, que denotan una obsesión enfermiza por el cuerpo y poca preocupación por ese toque de estilo que derretiría a cualquier mujer. En vez de una casa en La Finca podría tener una mazmorra en un sótano y daría lo mismo.

Ahora, de repente, está todo el asunto del amigo marroquí. Lo de los amigos de CR no es nuevo: cada verano asistimos a esas imágenes impagables en las que aparece el futbolista en su yate alquilado, en alta mar tomando el sol, y con la borda de la embarcación llena de amigos en bañador -y ocasionalmente con la gorra del revés-, bronceados y tonificados, delicadamente esculpidos en el gimnasio, sin un pelo a la vista.

Que no haya mujeres en esas fiestas, ni siquiera una miserable escort de precio medio, siempre ha llamado la atención: se comprende que, si tienes un montón de pasta, vacaciones en Ibiza, un yate y amigos, lo mínimo que puedes hacer es invitar a champán y caviar e invitar a compañía femenina. Habrá muchas chicas con ganas de triquitriqui dispuestas a subir por la quilla y embarcarse en un fin de semana al estilo “Donkey Punch”. Pero no, no hay mujeres. Antes veremos una tortuga en ese yate que una post-adolescente marchosa.

¿Le puede sorprender a alguien el titular de ‘The Sun’?

La verdad es que no: todos los signos acumulados conducían a que, algún día, alguien se tiraría al monte y diría en público lo que siempre se ha callado por prudencia y se decía en privado. Los rumores sobre la homosexualidad de ciertos futbolistas se tienen que manejar en la clandestinidad porque es un tema tabú en el fútbol. De ahí que CR esté afectado: sus problemas personales bien pudieran ser los que tienen que ver con retiradas de patrocinios, negativas a negociar contratos si no se atajan las habladurías, todo ese rollo.

Mientras tanto, y si nadie lo desmiente, esa información queda ahí para quien la quiera leer y para quien la quiera vincular a los ríos de lágrimas que CR vierte cada vez que le dan un premio, llorando como una mujer lo que no supo defender como Messi. Y mientras tanto, aguardaremos con paciencia a que llegue el verano, para disfrutar de los trofeos altamente varoniles que capturen los fotógrafos con sus teleobjetivos.

Admitámoslo: la doble vida de CR es droga.

CR7

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