Vicio y subcultura La guarra de las galaxias

Ricas en mitología, parcas en chicha. Así ha sido hasta hora ‘Star Wars’ en opinión de Javier Blánquez, empeñado en sumergirse en el lado oscuro y buscar en las parodias porno la dosis de lubricidad que no encuentra en las películas originales.

Star Wars
Javier Blánquez | 19/01/2016 - 9:49

La saga ‘Star Wars’ no estaría completa sin sus parodias, de las que ‘Spaceballs’ (‘¡Que la suerte te acompañe!’; divina chorrada) es sin duda la más célebre de entre todas. De hecho, aprovechando que la Fuerza ha vuelto a despertar, el viejo Mel Brooks, astuto como una zorra, ya ha anunciado que se plantea una continuación de su spoof, así que muy pronto podríamos tener de vuelta a Vomito, Yogurt y la princesa Vespa haciendo el gilipollas por la galaxia.

Pero si un tipo de parodia ha sido recurrente -en potencia o en acto- a lo largo de varias décadas, ésta ha sido la parodia XXX. Ya sea por dinero, o incluso porque debemos considerar en la misma categoría de freak al masturbador solitario como al coleccionista de figuras de acción, las versiones porno de ‘La guerra de las galaxias’ han sido frecuentes y bien recibidos por la parroquia granujienta.

Las ha habido de animación, con licencia y sin licencia, haciendo ver que se parecen pero disimulando por si caía una demanda, incluso follando en tanques de gravedad cero. Era un filón que no se podía dejar pasar.

En su película de 2008 ‘¿Hacemos una porno?’, Kevin Smith explicaba la historia de una pareja peladísima de pasta, hundidísima en lo que hoy ya llamaríamos ‘pobreza energética’, que para poder pagar las facturas de la luz y del gas no tiene más remedio que hacer una película guarrilla con la esperanza de que haya gente ahí fuera dispuesta a pagar por verles follar ante una cámara.

Y como son unos nerds de tomo y lomo, la cinta que quieren rodar llevará por título ‘Star Whores’: evidentemente, una parodia de la franquicia de George Lucas, pero cambiando las guerras por las guarras, y el sable de luz por el pene en erección, una identificación fálica que incluso ya apareció en plan todo vulgar en ‘Spaceballs’, cuando el villano Casco Oscuro se enfrenta a Lone Starr y antes de medirse en la esgrima se miden primero la longitud de sus espadas láser, como si estuvieran buscando cruising en una estación de trenes.

Zack-y-Miri

En realidad, la idea de Kevin Smith en su película de humor fue anterior a la realización material y definitiva de una gran parodia porno de ‘Star Wars’. La hizo en 2012 el gran magnate de los spoofs triple X, Axel Braun, que desde que empezó a encaminarse a la producción de este tipo de productos -antes de hacer su primera parodia, a partir de ‘Los vigilantes de la playa’, se dedicaba al sexo con MILFs y, como diría la juventud ahora, ‘bien de squirting’-, no ha parado de convertir en folleteo todos los blockbusters de Hollywood. Son películas por lo general bastante malas y con poco voltaje sexual, pero hay que reconocerles un cierto encanto kitsch que las convierte en artefactos valiosos. Además, generan dinero a espuertas, lo que ha permitido a Braun el poder contratar a las actrices más pujantes de la industria, que a la que tienen la oportunidad dejan el gonzo y se pasan a productos más cuidados, con vestuario decente y peluquería mínima.

Para su ‘Star Wars XXX: A porn parody’, Axel Braun contó con Allie Haze, una de esas chicas de cuerpo mínimo y arbusto rampante que han dominado un sector fuerte del porno norteamericano en los últimos años. Lógicamente, ella hacía de Princesa Leia en esta primera explotación sexual -y oficial, porque hay alguna otra más o menos clandestina- de la franquicia ‘Star Wars’, y su lucha contra el lado oscuro era, lógicamente, un enfrentamiento a cuerpo gentil con un actor negro con una tranca como el as de bastos.

Porn Wars

Como esto es un filón y la licencia ya estaba conseguida, Axel Braun ha seguido en su línea y ya tiene en cartera la segunda parte de su franquicia, ‘The Empire Strikes Back XXX’, con el mismo casting y una fecha de lanzamiento prevista para principios de este 2016 que comienza. Eso mientras sus otras muchísimas parodias -de Los Vengadores, de Batman, de ‘Homeland’, de Hulk o Blancanieves- le vaya dejando tiempo para completar lo que por ahora es una heptalogía y va en camino de ampliarse en dos capítulos más (sin contar los spin-offs y toda esa producción en masa diseñada por Disney para secarnos el bolsillo).

 

Tenía que existir

Que haya parodias porno de ‘Star Wars’ es comprensible, de la misma manera que también sería comprensible una versión hardcore de ‘Instinto básico’, porque hay películas que no satisfacen las bajas pulsiones en absoluto, y otras que los satisfacen a medias, y siempre hace falta un complemento vitamínico que regule los niveles de libido. Si en la película que protagonizaron Michael Douglas y Sharon Stone hubiéramos querido más explicitud en las escenas de sexo -al fin y al cabo, la raja del coño a Stone se le ve durante un microsegundo, y eso no puede ser-, en una parodia de ‘Star Wars’ buscamos lo que las películas originales apenas ofrecen: un poco de carne.

Aquí es posible que salga ahora un fan intransigente y nos empiece a hablar del ombligo y el muslamen de Leia mientras está prisionera de Jabba, pero estaremos de acuerdo en que con eso no basta. Que siempre habrá una mente retorcida que, al más puro estilo ‘Urotsukidoji’, demande que haya tentáculos viscosos agarrando de la patas a la hija adoptiva del general Organa y le haga un cuadro al más puro estilo Hokusai. La segunda trilogía tampoco es que fuera muy generosa en chicha: hay un momento especialmente chusco en ‘El ataque de los clones’ en el que a Natalie Portman se le empieza a ver un poco del busto porque un bicho le da un zarpazo y sale volando la mitad de su ropa. Pero ya está, nada más.

El freak, que es quien consume ‘Star Wars’, también necesita material que de, como se dice comúnmente, “para paja”. Hay que comprender la psicología del adicto al material galáctico, al que le gusta tanto el merchandising oficial –AT-ATs, el casco de Vader, maquetas del Halcón Milenario– como fantasear en cómo sería una cita íntima con Leia o con su madre. Es gente con necesidades y, reconozcámoslo: George Lucas ha sido insensible a toda esa demanda. Tampoco lo ha sido J. J. Abrams, que en ‘El despertar de la fuerza’ apenas da nada que pueda alimentar las fantasías de los nerds en todo el mundo que están deseando un fogonazo de erotismo light que les dé vidilla durante al menos una generación.

Daisy-Ridley

El ombligo de Carrie Fisher en ‘El retorno del jedi’ todavía no tiene equivalente en la nueva trilogía. La actriz protagonista, Daisy Ridley -ella interpreta a Rey, la nueva Luke Skywalker, la heroína de la trilogía-, es una magnífica elección de casting, pero teniendo en cuenta que se parece más a Keira Knightley que a Olivia Wilde, y que por ahora no enseña nada, queda muy bien para las escenas de acción pero mal para consolidarse como mito erótico. Al final, si tenemos que buscar a una intensita en la película, hay que irse hasta Kylo Ren, que es como un Darth Vader todo loco del coño.

La mitología de ‘La Guerra de las Galaxias’ también son sus guarras, lo sabemos desde siempre y la industria del porno ha intentado sacar tajada a la mínima que ha podido, pero por ahora poco tenemos de eso en la línea oficial. Diantre, qué podemos esperar de una producción en la que Disney ha puesto toda la pasta: cualquier cosa menos guiños a la libido de los fans, que están tan necesitados de un poco de erotismo light como de combates espaciales entre X-Wings y TIE Fighters.

Algo nos darán en el episodio VIII, si dios quiere, pero mientras tanto sólo hay una solución: esperar a que sea Axel Braun quien nos traiga a la verdadera perra de las galaxias, que visto el pastizal que se levanta va a ser pronto y en entregas a la velocidad de la luz.

Mientras tanto, que la viagra te acompañe.

Star-Wars-XXX

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