Vicio y subcultura Los hijos españoles de Lovecraft

Jesús Cañadas, Emilio Bueso y Daniel Ausente. Tres autores de los que es muy probable que aún no hayas oído hablar y que mantienen muy viva en España la herencia de ese titán de la literatura fantástica que fue Howard Phillips Lovecraft, el padre del horror cósmico.

Los mitos de Cthulhu
Javier Blánquez | 21/01/2015 - 17:53

Como toda persona aficionada a los relatos de H.P. Lovecraft bien sabe, el genio de la literatura de terror nunca disfrutó en vida de los laureles de la fama. Murió prematuramente, incomprendido -cuando no ignorado-, con un puñado de cuentos publicados en revistas baratas y sin tener nunca la satisfacción de que lo mejor de su obra adquiriera alguna vez la forma de libro.

Fue sólo tras su muerte, y por el empecinamiento de su círculo de amigos -sobre todo August Derleth– cuando se fundó la editorial Arkham Press, se fue recuperando toda su ficción desperdigada por almanaques, cajones y fondos de baúles, y poco a poco empezó a extenderse el culto, hasta llegar al punto en el que estamos, en el que no hay que esforzarse ya demasiado para conseguir que cualquier lector con dos dedos de frente admita que Lovecraft fue uno de los grandes escritores del siglo XX, más allá de los nichos de género.

Lovecraft

 

Discípulos con eñe

La recepción en España de la obra de Lovecraft fue relativamente temprana, y eso explica en buena medida lo mucho, bien y continuadamente que se ha ido editando en castellano la obra del misántropo de Providence. En 1968 apareció por primera vez en la editorial Alianza la imprescindible antología de Rafael Llopis que, bajo el título de Los mitos de Cthulhu’, exponía las raíces, el núcleo y la influencia posterior de un tipo de literatura de terror que situaba el foco, no en lo sobrenatural, sino en lo extraterrestre y extratemporal: nuevas criaturas, nuevos períodos de tiempo a escala cósmica, el abandono del hombre a los horrores del espacio y su vacío espeluznante.

Llopis seleccionó textos de los maestros literarios de Lovecraft (Lord Dunsany, Arthur Machen, Robert W. Chambers, Algernon Blackwood, Ambrose Bierce), los conectó con sus grandes textos sobre primigenios, antiguos, criaturas con tentáculos, cultos profanos repugnantes y mitologías abyectas, y concluyó el volumen con autores inspirados en el universo lovecraftiano, tan particular. Incluso se cerraba el libro con ‘A la manera de Lovecraft’, un breve cuento de Joan Perucho con el que se demostraba que en España, además de lectores, Lovecraft también tenía herederos. Aquella era una semilla de la que más tarde brotaron Juan Francisco Ferré, Javier Calvo o Jesús Cañadas, insignes lovecraftianos de las letras hispánicas de hoy.

El libro de Llopis es importantísimo, porque se adelantó en dos años a la sistematización de los mitos que realizó August Derleth en 1970, uno de los compendios canónicos del horror cósmico, ‘Tales of the Cthulhu Mythos’, que no llegó en castellano hasta 1977, cuando lo publicó en tres volúmenes -en bolsillo, al estilo pulp– la mítica editorial Bruguera.

 

Una sombra alargada

En ese momento, Lovecraft ya estaba plenamente asimilado en un mercado que no producía apenas literatura de terror autóctona, pero que empezaba a traducir con fruición a los maestros anglosajones, tanto los vivos como los pioneros. Si alguien se pone a husmear entre las ediciones antiguas de Lovecraft en español, encontrará grandes sorpresas, como El caso de Charles Dexter Ward’ en Barral, varios tomos en Argos-Vergara, los coleccionables libros de bolsillo de Alianza, y una primera edición de ‘En las montañas de la locura’ en Seix Barral, por no hablar de los codiciados tomos de autores predecesores de los Mitos que aparecieron en la colección El Ojo Sin Párpado de Siruela.

Edgar Allan Poe no tiene tanta abundancia de papel, ni tanto culto, en ediciones autóctonas. Incluso ahora, Lovecraft se sigue reeditando en nuevas traducciones -a las ediciones críticas de Valdemar hay que sumar los esfuerzos de Acantilado, Alpha Decay o Nevsky, entre otras editoriales independientes que mantienen viva la llama-, y ya no parece que vaya a desaparecer del canon.

Y es que Lovecraft es a la literatura de terror lo que Depeche Mode al pop: un gigantesco fenómeno de culto, disfrutado por las masas pero a la vez capaz de incitar las más exacerbadas adhesiones. Tan grande como la distancia que nos separa del ciego y tonto Azazoth en el centro del universo; tan fiel como el pueblo sectario de Innsmouth en su conexión con las profundidades del mar.

Este calado, tarde o temprano, tenía que revertir en nueva obra original. Aunque la literatura española no ha sido tradicionalmente dada al terror -mala señal cuando los grandes referentes de lo fantástico son las Leyendas’ de Gustavo Adolfo Bécquer, o algún cuento de Valle-Inclán, y tirando para atrás las Noches lúgubres’ de José Cadalso, anticipo pre-romántico del siglo XVIII; no por malas, que todo lo contrario, sino por poco adscritas a lo que entendemos por literatura de fantasmas, de la que la anglosajona es tan rica-, sí es cierto que se han dado fenómenos puntuales a lo largo de los siglos XIX y XX (no hace mucho, Luis Alberto de Cuenca y la editorial Siruela rescataron ‘La urna sangrienta’ (1834) de Pascual Pérez y Rodríguez, la primera novela gótica española.

En los últimos años, además, aunque esté sumergida en un underground al que, por lo general, se le aprecia muy poco fuera de su círculo de fans, ha brotado una nueva generación de escritores que no se arruga a la hora de producir un pulp de calidad, o novela de altos vuelos adornada con detalles clásicos del folletín -y en esa categoría estaría incluida hasta El club Dumas’, la mejor novela de Arturo Pérez-Reverte, cuando Pérez-Reverte era aquel tipo escuálido con gafas que retransmitía la guerra de Bosnia desde el hotel y estaba empezando a ser un fenómeno de ventas.

Hay muchos signos ahí fuera que indican que el fanatismo lovecraftiano sigue estando fuerte en las calles. La subtrama sobrenatural de la primera temporada de la serie ‘True Detective’ está claramente enraizada en la tradición de los Mitos -las menciones al Rey de Amarillo de Robert W. Chambers y la distante y extrasolar ciudad de Carcosa de Ambrose Bierce son definitivas-, y hace años que se habla de los intentos tenaces, aunque po ahora infructuosos, de Guillermo del Toro por llevar a la gran pantalla ‘En las montañas de la locura’, texto fundamental del canon de Lovecraft que por primera vez habla de la primitiva colonización del planeta por parte de una poderosa, anciana y sabia especie alienígena, los Antiguos, eones más tarde destruida por otra raza de criaturas violentas y malignas conocidas como los Primigenios.

True Detective

Si se busca en las estanterías de novedades, hay una recopilación publicada en 2014 por Valdemar, Alas tenebrosas’, que reúne de manera eficaz y sobresaliente a las nuevas voces jóvenes en inglés fascinadas por Lovecraft -el subtítulo es ‘21 nuevos cuentos de horror lovecraftiano.

Si esta antología se hiciera en clave hispánica, no faltarían candidatos. Después de un tiempo en el que apenas se percibía interés por actualizar la influencia y la inspiración del horror cósmico, de repente han aparecido autores con una fijación central por los Mitos que empiezan a agruparse en una piña tan sólida como la que ha puesto de moda un steampunk en español alrededor de Felix J. Palma. Hay tres autores en particular que son el futuro del ‘lovecraftismo’ para el lector en español, posibles escritores alrededor de los cuales se podría construir un culto intenso y entretenido.

 

¿Tres tristes tigres?

El primero es Jesús Cañadas. El nuevo sello de literatura fantástica de Penguin Random House, Fantascy, abrió su catálogo con Los nombres muertos’ (2013), un estupendo pulp en el que es el mismo Lovecraft quien protagoniza la historia: requerido por un personaje poderoso, a lo Lucas Corso, para que investigue la ubicación del inquietante Necronomicón’ -el libro terrible imaginado por Lovecraft, guardián de repugnantes secretos y que lleva a cualquiera que lo lea a la locura-, el Lovecraft personaje se embarca en una búsqueda absurda -¿cómo va a existir un libro que es ficción, que se ha inventado él?- por escenarios tan diversos como Providence, la Alemania previa a la Segunda Guerra Mundial, las afueras de Lisboa y Damasco, con cameos de figuras adeptas al ocultismo como Aleister Crowley, Hitler y el círculo de amigos de Lovecraft, incluido Robert E. Howard, el creador de Conan.

Cañadas no pretende dárselas de escritor virtuoso, sino de constructor de historias vertiginosas, sólidas y al gusto del fandom educado durante años en los juegos de rol sobre los Mitos y las innumerables antologías de cuentos de Lovecraft y sus seguidores. Lo último que se sabe de Cañadas es que tiene otra novela acabada y que hay varias editoriales pelándose a cuchillo para adquirir los derechos. Al final, resultará que esto no es tan marginal, que el ejército lovecraftiano moviliza dinero, pasiones y conjuros.

La segunda mención es para Emilio Bueso, un autor con un recorrido mucho más largo que el de Cañadas -acumula ya cinco novelas importantes para comprender el salto de calidad que ha dado la literatura de género en castellano, con un equilibrio admirable entre thriller y realismo sucio, entre ciencia-ficción y horror;Cenital’ (2012) pertenece al género de las distopías ecologistas al estilo de J.G. Ballard; Diástole’ (2011) es algo así como una novela de vampiros-, y que además ha introducido con mucha elegancia el universo de los Mitos en su última obra, un feliz acontecimiento llamado Extraños eones’ (Valdemar, 2014).

Esta última novela es una mezcla insólita: en un cementerio de las afueras de El Cairo, reconvertido en vertedero y zona de chabolas, un grupo de huérfanos se ayuda mutuamente para sobrevivir: mendigan, roban, reciclan. Frente a su techo hay un extraño mausoleo, cerrado desde hace años, y que un día aparece abierto. Hay extrañas visitas que merodean por la noche, uno de los huérfanos desaparece, y una pareja de Barcelona que ha heredado la propiedad acude a comprobar qué se oculta en esa cripta. Mezcla entre Lovecraft y las partes más sociales deSlumdog Millionaire’, en ‘Extraños eones’los Mitos aparecen de manera furtiva -presididos por el Caos Reptante, Nyarlathotep-, pero extraordinariamente renovados.

El tercer autor que mantiene viva la llama del lovecraftismo es Daniel Ausente, un escritor puramente pulp que de la manera más aquí-te-pillo-aquí-te-mato ha publicado su pequeña novela Mataré vuestros muertos’ (Prosa Inmortal, 2015), otra originalísima forma de apropiación y relocalización de los Mitos. Si lo normal es imaginarse una mansión decrépita y cubierta por las telarañas y el polvo, un manuscrito inacabado, un objeto mágico y una posesión telepática, lo que hace Ausente es llevar las criaturas tentaculares del imaginario lovecraftiano al Barrio Chino de Barcelona, ocultas dentro de las checas de la Guerra Civil, descubiertas por Heinrich Himmler en su visita a Cataluña en pos del Grial, y ahora amenazando a la fauna que pulula por esas calles, las dominicanas y las chonis, los gitanos y los swaggers que escuchan hip hop en las plazas, las estudiantes de Erasmus y los gorrones de nalgas que buscan tirarse a las turistas. Y entre ese colorido de barrio, el horror cósmico.

España es lovecraftiana, y hay que decirlo más. Iä! Iä! Cthulhu fhtang!

La llamada de Cthulhu

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