Vicio y subcultura Morirás a manos de un robot

Enrique Iglesias es ‘agredido’ en Tijuana por un dron con instinto de supervivencia y Javier Blánquez ve en ello un preocupante síntoma: en que se acerca el momento en que las inteligencias artificiales irrumpan definitivamente en nuestras vidas para ser nuestros amos en vez de nuestros esclavos.

Enrique Iglesias en Tijuana
Javier Blánquez | 05/06/2015 - 16:31

Esta semana, Enrique Iglesias ha sido agredido por un dron en un concierto que ofrecía en la ciudad de Tijuana, México.

Más allá del chascarrillo derivado de la tirria y la envidia que un alto sector de la población le tiene al hijo mediano de Julio, que se puede entender por muy diversos motivos -por las novias macizas que ha tenido, por la pasta que maneja, por la puta mierda que es su música-, la noticia es realmente importante porque, que se sepa, es la primera vez que una inteligencia artificial agrede y hiere de gravedad a un ser humano.

Durante muchos años, los que hemos leído un poco de ciencia-ficción, pensábamos que las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov se convertirían en una norma inflexible en el futuro. En su colección de cuentos ‘Yo, Robot’ (1950), Asimov escribió tres normas fundamentales que todo robot inteligente debería conservar a toda costa: básicamente, y en resumen, un robot nunca hará daño a un ser humano ni permitirá que un humano lo sufra (primera ley); a la vez, si un humano le pide a un robot que haga algo, el robot lo hará sin rechistar, siempre y cuando no interfieran con la primera ley (esta sería la segunda); y en tercer lugar, el robot debe protegerse, siempre y cuando su instinto de conservación no viole la primera y la segunda ley.

Los dichosos drones

En el caso del dron versus Enrique, tenemos una violación flagrante del supuesto primero, puesto que la máquina hace sangrar al artista (por decir algo), e incluso el pobre Iglesias tendrá que someterse a cirugía reconstructiva para reparar los cortes profundos que las hélices del aparato le sajaron en los dedos. La segunda ley aquí no procedería, porque Enrique no le pidió nada a la máquina, salvo que se acercara, pero la tercera está invadida por completo, puesto que en su instinto de supervivencia, el dron no duda en herir a un humano para no recibir daño. Se comprende, pero está feo.

 

Hipótesis alternativas

Podría darse el supuesto de que Enrique Iglesias no fuera humano, una variable que nadie ha estudiado detenidamente hasta el momento.

Quizá sea un infiltrado de esa raza de reptilianos, variedad lagartera de los illuminati que mueven los hilos del poder desde catacumbas y fortalezas en Suiza y Nueva York, y como extraterrestre podría ser perfectamente agredido por un robot cualquiera, sobre todo si es en beneficio de la humanidad. Pero mientras no se demuestre lo contrario, Enrique salió del coño de la Preysler y su ADN es compatible con el del resto de la especie -por ejemplo, da pie a cosas terribles, como que te transfieran su sangre o te done un riñón-. Así que sigamos en clave homo sapiens, mal que nos pese.

Un artista que lo da todo por su público

Que él haya sido el primer agredido voluntariamente por una inteligencia artificial abre, pues, una etapa de incertidumbre absoluta: ¿nos podemos fiar de los robots?

En la ingenuidad positivista de Asimov, representante de una ciencia-ficción con trasfondo utópico y humanista, en la que el equilibrio de fuerzas siempre era hacia el bien (véase su serie ‘Fundación’), era lógico pensar que el robot iba a ser el aliado del humano. Al fin y al cabo, era una creación de la inteligencia del hombre, y por tanto sometida a su voluntad y sus leyes. Al robot, directamente, no se le permite el libre albedrío, su inteligencia es incompleta, aunque con esa regla aparentemente inflexible se abría la posibilidad a que el robot evolucionara y se rebelara de alguna forma. Asimov apenas entraba en el tema, pero el desarrollo posterior de la ciencia-ficción, rica en distopías y futuros ominosos, ha hecho de esa hipótesis un campo de desarrollo bestial.

Drones en todas partes

Durante años, era un territorio exclusivo de la ficción. Bien, incluso lo era antes -el robot de la película ‘Metrópolis’, de Fritz Lang, ya era como una especie de I.A. bolquevique, mucho antes de que se imaginara lo lejos que podía llegar la robótica-, pero de los años 70 a esta parte, y más aún con la expansión de la cibercultura, hemos pensado en las máquinas de manera mucho más ambigua.

Entrar en ejemplos sería pesado e interminable, pero hay un par de hitos culturales que explican hacia dónde podría evolucionar el paisaje tecnológico. Primero estaría la película de animación japonesa ‘Ghost in the Shell’, que evoluciona a partir de allí donde lo dejó William Gibson con ‘Neuromante‘, y que anticipaba ‘Matrix‘: el mundo que dibuja, dominado por las grandes corporaciones, conectado en red, es una distorsión exagerada del tipo de circulación de la información al que tiende nuestro cada vez más omnipresente Internet.

En ese escenario imaginario, poco queda ya de lo humano: el cyborg es el paradigma, cualquier ser con rasgos primitivos humanos es directamente un ser involutivo, condenado a ser inferior en la gran orgía tecnológica. La manera de proteger del robot consiste en robotizarlo todo.

Metrópolis

Y luego, en un plano completamente distinto, estaría la película ‘Her’, de Spike Jonze. A pesar de lo meliflua que es, de sus texturas color pastel y lo insoportable de la actitud de Joaquin Phoenix (por no hablar de la música de ukelele, que hace que nos parezca incluso preferible el ‘Bailamos’ de Enrique I.), ‘Her’ indica, con intención poética, lo deshumanizada que se ha vuelto la vida cotidiana incluso en sus acciones más básicas.

Todavía no estamos en ese momento de la evolución en el que las inteligencias artificiales puedan ser una compañía y un consuelo a nuestra soledad, en el que podamos follar virtualmente con un software con la voz de Scarlett Johansson -esto fracasó en los 90, parece que no se va a volver a intentar en mucho tiempo- y mantener conversaciones más inteligentes que con cualquier persona. Pero tendemos hacia ahí: quien no obre con valentía y decida desenchufarse de la red lo máximo posible -limitando el tiempo de acceso al ordenador y en las redes sociales, eligiendo métodos analógicos en vez de la comodidad digital para informarse o pasar el tiempo, y en el caso más extremo, desapareciendo por completo de cualquier actividad online-, finalmente acabará absorbido por la realidad paralela de la red. Cada vez más son los casos de adictos a Facebook con diagnóstico clínico.

 

¿La dictadura de las latas parlantes?

En definitiva, las máquinas ya nos envuelven y nos condicionan. Todavía no piensan por sí mismas, pero lo pueden hacer, algún día lo conseguirán. El teórico norteamericano Ray Kurzweil, el popularizador del concepto de la ‘singularidad’ -que de manera más o menos acertada trataba la película de Hollywood ‘Trascendence’, protagonizada por Johnny Depp-, sostiene que es inevitable que lleguemos a un punto en el que las conexiones “neuronales” de las inteligencias artificiales crezcan de manera exponencial, y podrán pensar igual o mejor que cualquier cerebro humano. Kurzweil asegura que la máquina ayudará a nuestra especie: corregirá nuestros defectos (nos volverá cyborgs), mejorará nuestras aptitudes, hará nuestro trabajo, nos dará de comer, nos hará inmortales. Por ahora, lo que hacen las máquinas es quitar trabajo, pero no dan vida.

Pero la realidad da pistas sobre la otra posibilidad, que es la que Kurzweil no acepta, pero de la que sí avisa el cyber-escéptico Jaron Lanier: las máquinas no nos harán libres, sino esclavos. Empiezan por atacar a un cantante, y a saber cómo acaban: es fácil imaginar inmensos campos de esclavos, cadáveres apilados en cunetas, bebés con trozos de chapa. Por si acaso, entonces, recordemos aquel verso de Bertold Brecht: “Primero vinieron a buscar a Enrique Iglesias, y no dije nada porque yo no era Enrique Iglesias”. Pues habrá que decirlo más.

Otro concierto de la gira de Enrique Iglesias

 

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2 Responses to Morirás a manos de un robot

  1. BilliManilli dice:

    Muy buen artículo Sr Blánquez.
    En un episodio de True Detective un personaje le dice a otro que está fumando un cigarrillo electrónico “¿Puedes parar de hacer eso? Parece que se la estés mamando a un robot”. Pues eso. Ya están aquí.

  2. cesar dice:

    Las imagenes de cuando se corta con el dron son tremendas, le hubiera podido cortar un dedo facilmente

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