Vicio y subcultura Elena Koshka, la madre Rusia

El reverso luminoso de la Rusia de Putin es esta belleza de 24 años nacida en la estepa y criada en Los Ángeles, una estrella en ciernes que va camino de la definitiva consagración en el cine X.

Elena Koshka
Javier Blánquez | 04/04/2018 - 18:05

Estamos en un momento histórico en el que todo lo que viene de Rusia nos transmite un inconfundible aroma a masculinidad y fuerza, a virilidad antigua, un poco bruta, quizá no demasiado compatible con nuestra idea noble de la democracia, la igualdad y la lucha por los derechos de las minorías, pero incluso así es imposible negar que tiene un aura particular.

Rusia es frío y bronca, Rusa es Vladimir Putin pescando salmones con las manos y batiéndose con osos de Siberia a brazo partido, con el pecho palomo descubierto, y por supuesto ganando después de darle una dentellada al plantígrado en el cuello, para luego desollarlo y hacerse unos guantes y unas botas con su piel. Rusia es agreste, es el último vestigio de un tiempo antiguo en el que las cosas se hacían con honor, con musculatura y bastante a lo burro, por no decir acémila.

Por eso, cuando empezamos a explorar qué nos podía ofrecer el porno ruso, descubrimos que el semental del momento era un hombre volcánico llamado Markus Dupree, lo más cerca que ha estado el sexo duro de gobernantes con la mano de hierro como Iván el Terrible o Leonid Bréhznev, por no hablar de un falo de las dimensiones del que ostentaba Rasputín. De Dupree ya hablamos aquí, dejando claro nuestra preferencia por su concepción circense y acrobática del coito antes de que los premios AVN lo consagraran como male performer of the year. Como decimos, hace tiempo que tenemos nuestros ojos puestos en Rusia, como Sauron los tenía puestos sobre el anillo. Rusia mola.

Elena Koshka

 

La otra Rusia

Lo que ocurre es que, para la mayoría de la gente, Rusia es sinónimo de hackers, de obtención ilegal de datos privados de las redes sociales, de campañas de desequilibrio en las elecciones de las democracias occidentales, de Snowden tiritando en el iglú en el que lo tienen escondido, pero no es sinónimo, por ejemplo, de Elena Koshka, y ahí es donde ‘Primera Línea’, como buen servicio público que es, tiene que empezar a hacer pedagogía.

En realidad, la cantera del porno ruso es más importante de lo que parece, y muchas de las actrices que, seguramente, te hayan proporcionado momentos de solaz en los últimos tiempos –por ejemplo, Hennesy, Arwen Gold, Gina Gerson, Kira Thorn o Briana Banderas, la nueva partenaire semicircular de Marco Banderas–, provienen de la fértil y genéticamente avanzada federación rusa, y pertenecen a la primera generación de actrices nacidas después de la caída de la URSS.

Rusia no tiene el mismo prestigio que en su día acumularon países como la República Checa o Hungría, auténticas factorías de mujeres de sexualidad voraz, pero no se puede obviar su potencial. Durante un tiempo, una de las estafas más populares de internet era la de las “novias rusas”, que consistía en que, a cambio de sexo gratis y frecuente, uno ofrecía techo y mantenimiento a una esbelta rusa hambrienta que quería huir de la pobreza. Ahora han cambiado las tornas: las bellezas rusas, como el título de la novela de Nabokov, tienen agente en el circuito del porno americano y cobran una fortuna por cada escena.

 

Tierra de cosacos

Elena Koshka nació en Kazán, en plena estepa tártara, aunque su caso es parecido al de otra escultural sílfide del este que ahora arrasa en el porno mainstream, Natalia Starr: cuando era niña se vino a Estados Unidos con su familia, se crio y estudió en Portland, y cuando cumplió la mayoría de edad se desplazó a Los Ángeles.

Elena Koshka

 

Así que no estamos hablando de una rusa completa, pero la genética la tiene bien afinada y cuando decidió dar el paso y explorar los entresijos del porno, Koshka supo que tenía que explotar ese factor cultural sin pudor, porque era lo que la diferenciaba de tanta adolescente rijosa que llegaba, pongamos por caso, de Tampa o cualquier otra ciudad cochambrosa de Florida.

“Koshka”, en ruso, significa gatito, pussy, kitty, esa criatura pequeña y suave que estarías acariciando todo el día, y aunque ella no siempre se deja el pubis velludo ni es exactamente pequeña –mide más de 1,80 metros, y tiene las piernas más largas que el diámetro de la Plaza Roja–, sí tiene ese encanto felino y esa beatitud de las bellezas angelicales. Con sus ojos azules como el cielo de San Petersburgo por la mañana y ese cabello cobrizo infrecuente en el porno actual, donde se impone el tinte, cuando Elena irrumpió en 2016 se distinguió, sobre todo, por su deslumbrante belleza y la perfección de sus proporciones.

 

Camino de la consagración

Cuando el año pasado apareció su nombre entre las nominadas a la actriz revelación en el porno, en el contexto de los premios AVN, la primera reacción que tuvimos fue la de no comprender las razones.

Pensábamos que Elena Koshka llevaba más tiempo y merecía una categoría para guerreras curtidas. Pero en realidad no llevaba tanto: 2016 (verano) fue su momento de irrupción, y 2017 el de consolidación. De hecho, para Elena Koshka 2017 fue como volver a empezar, pues se había retirado brevemente unas semanas después de empezar –y además a lo grande, con Jules Jordan y Greg Lansky tras la cámara; la virginidad anal la perdió al poco tiempo de su debut, en una escena para Tushy en la que fue descorchada, al más puro estilo de una botella Freixenet, por el empotrador italiano Christian Clay–.

Elena Koshka

 

Últimamente se llevan las retiradas en falso: actrices que anuncian que se van, y al poco tiempo vuelven; algunas porque se arrepienten, otras porque tienen que poner orden en su vida antes de seguir adelante, otras por márketing y las más, aunque no lo digan, porque necesitan la pasta. En el caso de Koshka fue la necesidad de preparar el terreno, porque tras hacer ruido en sus primeros meses en el porno, quería plantearse una carrera de largo recorrido. Y en estas últimas semanas, ha empezado a marcar la diferencia.

 

Poco menos que perfecta

Bendecida por la perfección de su belleza eslava, Elena Koshka aspira a todo y tarde o temprano tendrán que llegarle los principales reconocimientos en el erotismo corporativo: ha rodado para Vixen –la primera escena fue en diciembre de 2016, junto con el acaparador Jean val Jean– y seguramente ya está en la lista de Vixen Angels potenciales, pues no hace mucho regresó al redil de Lansky para rodar un anal, y también se ha dejado fotografiar para Penthouse, y no sería raro que en breve la nombren Pet of the Month.

Y todo esto lo suponemos porque, tras unos meses de trabajo irregular, ahora empieza a fluir material de Elena Koshka como si fuera agua del grifo: lésbicos, anales y una de sus especialidades, las escenas POV en las que se rueda desde el punto de vista del hombre, y ella hace todo tipo de cosas cariñosas de novia entregada para que tengas la sensación de que el beneficiado eres tú. También es especialista en la masturbación del varón utilizando los pies, y no las manos. Cosas que no se aprenden en la universidad.

Cuando nos dicen que Rusia es fría e inhóspita es cuando pensamos en Elena Koshka, que no ha necesitado ninguna coartada cultureta –por ejemplo, tener estudios de antropología, o haberse leído enteras las novelas (todas) de Dostoyevski– para ganarse una clientela fiel en esto del porno.

Elena Koshka

Lo único que ha necesitado ha sido mostrarse natural y como un anticipo de la primavera, muchas veces sin maquillaje, y derretir la lente con ese rostro levemente pétreo, ese pelo flamígero y esa piel nívea, alba, que en su destello blanco competiría con el nácar o el marfil.

Y lo que nos hace prever que 2018 será un buen año para ella, y que de la categoría de starlet of the year pasará a competir por ser female performer of the year a sus muy equilibrados 24 años es la cantidad de exclusivas que le falta por conceder a las productoras que paguen mejor: se dice que tiene ya en cartera su estreno interracial de la mano de Blacked, y a partir de ahí llegarán tríos, cuartetos, sinfonías de sexo, que nos recuerden que al principio de todo Koshka participaba en orgías, que no despreciaba el lado más sucio del porno, y que lo ennoblecía con su deslumbrante belleza de la estepa.

Queremos más, lo queremos pronto, y queremos que le lluevan premios. Lo de “desde Rusia con amor” ya no nos sirve: queremos que desde Rusia nos lleguen con squirtings, DPs y vicio desbocado.

 

  • Imprimir
  • Enviar por e-mail
Este mes, en 'Primera Línea'
Marga B. Hindersin: "No hay nada degradante para la mujer en ser azafata de Fórmula 1"
Este mes, en 'Primera Línea'
publicidad
publicidad
Búscanos en Facebook
publicidad

© Ediciones Reunidas, S.A. | Todos los derechos reservados