Vicio y subcultura Haley Reed, una bestia sexual

Por un beso de la flaca, nos cuenta Blánquez en su rincón vicioso y erudito, daríamos lo que fuera. Sobre todo si la flaca es esta apetecible vestal sureña de 21 años y está dispuesta a darnos mucho más que un simple beso.

Haley Reed
Javier Blánquez | 10/10/2018 - 16:04

Decíamos ayer que si había que apostar por una nueva actriz en el porno mainstream que pudiera ganar el próximo mes de enero el título de rookie del año en los premios AVN, esa era Kissa Sins.

Como ya dejamos consignado por escrito hace pocas semanas, la irrupción de Kissa en el mercado del gonzo ha sido como si dejáramos suelta una pantera en la jaula de las gacelas: el hambre sexual que tiene esa mujer sólo se encuentra en una categoría muy especial de depredadoras, y por ahora no ha desaprovechado ninguna oportunidad para demostrar una implicación en las escenas propia de aquellas mujeres a las que les arde el potorro como si llevaran dentro el fuego de los dioses, robado por Prometeo. Todo esto tiene más valor teniendo en cuenta que Kissa entró en el porno a una edad tardía, y que poco le falta para que se le catalogue en la categoría de MILF.

Pero no hemos venido aquí a hablar de la novia de Johnny Sins, sino de la otra actriz joven, relativamente nueva en el negocio, y que no había sido nominada con anterioridad en ninguna categoría importante de los AVN, que podría aspirar a conquistar la estatuilla siempre y cuando entre los fans con callos en las manos y los jueces se construya un consenso hacia su figura. Hablamos de Haley Reed, una jovencita rubia, espigada, de ojos claros, que pertenece a la fructífera cantera de Tampa, Florida, desde hace unos años uno de los viveros más importantes del porno americano, hasta el punto de que en algunos círculos se habla de las ‘cerdas de Tampa’ casi como si fuera una denominación de origen, al estilo Penedés o Jabugo.

 

Su momento ha llegado

Que se hable ahora de Haley Reed tiene un motivo, y es que cuando debutó, en la primavera de 2016, con sólo 19 años, y después de haber dejado el instituto, no llamaba especialmente la atención. En sus primeras escenas, en las que también utilizaba los alias Amy May y Amy Li, nuestra joven teen parecía aún una chica de pueblo, con un peinado terrible y sin el aspecto algo más fiero con el que se destaparía a mediados de 2017, ya con sus característicos tatuajes en las pantorrillas.

Haley Reed

 

Es decir: si hubiera sido candidata a algo en enero de 2018, cuando Jill Kassidy se alzó con la estatuilla a la ‘best new starlett’ –y atención a la progresión que ha tenido la chica durante todo este 2018, cada vez más segura de lo que hace y preparando el terreno para hazañas más épicas–, lo más seguro es que hubiera pasado desapercibida.

Pero desde hace unos meses, después de cambiarse el nombre a Haley Reed, la joven sureña se ha destapado como una verdadera bestia sexual, y ha tenido prisa en avanzar todo lo posible en su carrera, sólo por el simple placer de follar ante una cámara.

“Creo que ya he conseguido todo lo que quería”, explicaba hace algo más de un año en una entrevista con Fleshbot, la empresa de juguetes sexuales. “No voy a dejar de hacer porno, pero estoy satisfecha con la experiencia. Me mudé a Los Ángeles, rodé unas cuantas películas sexis, gané un dinero con el que no contaba. Ni siquiera había pensado en que me podrían pagar antes de hacer porno. No estoy aquí para ganar premios ni para ser la mejor folladora, aunque sería increíble obtener alguna nominación. Estoy contenta con la experiencia y muy excitada por ver lo que una relación prolongada con la industria puede aportarme”.

A diferencia de otras actrices, que hablan con monosílabos y utilizando únicamente el córtex cerebral heredado de nuestros antepasados los reptiles, Haley Reed parece una chica con la cabeza amueblada que sabe lo que quiere y que no ha entrado en el porno con una agenda determinada, sino por el simple placer de experimentar. Quizá sea falsa modestia y entre dentro de su plan parecer que es simplemente una mosquita muerta con afición por el sexo, tanto que hasta lo haría gratis con un semental negro con el rabo como el as de bastos, pero visto lo rápido que ha ido todo en el último año, es difícil creer que Haley Reed esté en esto sólo por el dinero.

 

Ávida y precoz

A una edad en la que raramente se ha dado el paso decisivo de iniciarse en el sexo anal, Haley Reed ya ha transitado por muchos de los caminos extremos. Ha grabado varias penetraciones, tríos y cuartetos, y en sus últimas escenas hay varias orgías.

Haley Reed

 

De hecho, al año de entrar en el negocio, ya aseguraba que el sexo convencional se le quedaba pequeño, y que no le satisfacía la higiene de un coito en pareja. Para ella, lo más atractivo era la acumulación de cuerpos y líquidos, de ahí que recibiera con los brazos abiertos, y otro par de extremidades abiertas también, el sexo en grupo, algo que ha convertido en su especialidad.

A este cambio de mentalidad hay que sumar un cambio físico: aunque sigue siendo una chica delgada y con atributos que caben en una mano, se ha puesto más tatuajes, se ha cambiado el peinado y ahora parece la vecina de enfrente en versión fiera: tan candorosa y suave en las curvas como Jill Kassidy, pero tan intensa y aventurada como la anterior ganadora del ‘best new starlett’ en 2017, la bestial Holly Hendrix. Tiene un poco de ellas dos, y teniendo en cuenta lo que le gusta al jurado, no habría que descartar su candidatura.

A Haley Reed quizá le falta algo más de exposición y, sobre todo, de marketing. Necesita un agente que le haga aparecer con más frecuencia en las escenas de las productoras que ganan premios, y encontrar la manera de gestionar alguna exclusiva con la misma habilidad con la que ha cuidado ese desarrollo de la carrera la enorme –en todos los sentidos– Angela White.

Pero Haley Reed va más acelerada que el Falcon de la Moncloa, y poco le queda ya por hacer. Este año ya ha acumulado dos escenas de sexo en grupo que son para generar un corte de electricidad en todo Los Ángeles: una en Legal Porno, la productora húngara que no se anda con tonterías, y otra en BlackedRaw, la segunda de esas características –con seis negros para ella sola, más miuras que en la Maestranza– tras la que rodó Riley Reid hace unos meses.

Haley Reed

 

Buena alumna

Que salga el nombre de Riley Reid no es casual. Haley Reed remite en su nombre artístico a la que seguramente es su gran influencia, y además se parecen mucho, cada una con un color de pelo distinto, pero con una distribución anatómica parecida: altas y esbeltas, muy delgadas, de ojos luminosos, y siempre con una sonrisa en la cara, incluso si están recibiendo un final de escena tan copioso como un géiser de Islandia. Hay que reconocer que tienen buena actitud, y que eso a los fans les gusta.

Y, sobre todo, tiene dedicación. En las entrevistas que ha concedido hasta ahora, siempre recalca que el porno es una más de las muchas opciones que le ha presentado la vida y que ha tomado este camino para explorar su sexualidad y porque le divierte. Pertenece a esa generación nueva de actrices que no entran en el negocio por necesidad o por ganar dinero fácil, sino por curiosidad, hasta que descubren que cobrar por una larga serie de escenas anales no sólo les divierte, sino que les da para los gastos. A la vez, manifiesta su intención de mantener una vida sana, en compañía de sus perros y sus amigos, y estar a verlas venir: si el porno le da más opciones, ahí seguirá, y si se acaba, a otra cosa.

Pero para que el porno te dé opciones, no basta con rodar por diversión.

Hay que obtener nominaciones, ganar premios y construir una carrera en base a sorpresas y grandes acontecimientos, que es lo que mantiene la atención de los fans; si estás fuera demasiado tiempo, sea por voluntad o por arresto domiciliario (hola, Keisha Grey), lo normal es que te olviden.

En ese aspecto, a Haley Reed le falta un empujón –el que sí ha obtenido Kissa Sins, que además se ha lanzado en tromba a ser una estrella–, pero quién sabe: si en los AVN la tienen en cuenta, y por casualidades de la vida se lleva un premio –y más cuando su especialidad son los gang bangs, las orgías y todas esas barbaridades no nos parece descabellado–, entonces tendremos Haley Reed para rato. Que nos dé lo que necesitamos y que sea por muchos años. Como decía la canción, por un beso de la flaca yo daría lo que fuera.

 

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