Historias del porno La máquina de picar carne

Qué esta pasando, se pregunta Paco GIsbert, cuando en apenas un mes fallecen en circunstancias trágicas tres grandes estrellas de la industria de entretenimiento para adultos, August Ames, Shyla Stylez y Yurizán Beltrán.

Yurizan Beltran
Paco GIsbert | 19/12/2017 - 11:31

A primeros del año que ahora acaba, el 17 de enero, falleció por causas naturales Bill Margold, uno de los más activos defensores de la industria de entretenimiento para adultos como paradigma de la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, es decir, la que garantiza la libertad de expresión.

Margold fundó en 1994 la Protecting Adult Welfare Foundation (PAW), dedicada a proteger a las chicas que llegan al porno sin una preparación psicológica suficiente como para soportar las presiones a las que se ven sometidas. Lo hizo después de que Savannah se volara los sesos tras una vida de excesos que culminó con un disparo en la sien que acabó con su vida a los 23 años de edad.

Justo 23 años después de su fundación, la PAW es una asociación con poco predicamento en el porno actual. Su modesta página web apenas contiene información sobre los eventos y actividades que programa y la llamada en busca de donaciones (la manera de financiarse en los Estados Unidos de este tipo de fundaciones) no parece tener demasiado éxito. La industria del porno, como afirmaba Margold en 1994, ha agudizado su condición de “máquina de picar carne”, en la cual el público asiste a un espectáculo circense en el que cuenta, sobre todo, el número de miembros masculinos que caben en los agujeros de los cuerpos de las actrices.

 

Tres casos lamentables

En poco más de un mes, tres actrices, una de ellas retirada recientemente, han perdido la vida en circunstancias extrañas, las mismas que empujaron a Margold a parir su fundación. A primeros de noviembre fue Shyla Stylez quien murió en circunstancias todavía no aclaradas a los 31 años de edad, cuando había ido a visitar a su madre.

Shyla Stylez

Tres semanas después, la actriz canadiense August Ames, de 23 años, se ahorcó en un parque cercano a su domicilio después de haber soportado una enorme presión en las redes sociales mientras sufría un episodio depresivo. Pocos días más tarde, la actriz angelina de origen brasileño Yurizán Beltrán, de 31 años, aparecía muerta en su domicilio aparentemente a causa de una sobredosis de drogas.

Excepto en el caso de Stylez, cuya muerte concitó gran controversia en Twitter porque su asistente personal ha seguido posteando hasta ahora como si nada hubiera ocurrido en la cuenta de la actriz desaparecida, los fallecimientos de Ames y Beltrán han retrotraído a la industria norteamericana del porno hasta los felices (o desgraciados) 80 y 90, cuando las muertes de actrices X se sucedían con mucha más asiduidad de la deseada. Es cierto que eran otros tiempos, en los que el consumo de drogas duras en el cine para adultos estaba muy generalizado, y eso propició decenas de muertes por sobredosis provocadas por el consumo de cocaína o heroína. Arcadia Lake, Linda Wong o Trinity Loren se fueron de esa manera.

August Ames

Pero también hubo demasiadas muertes por suicidio en aquellos años. Shauna Grant y Savannah se quitaron la vida en la cima de sus carreras, pero un buen número de secundarias, como Jill Munroe, Alex Jordan, Kristine Heller, Megan Leigh o Wendy O. Williams decidieron dejar este mundo de diferentes maneras, siempre violentas.

La máquina de picar carne de la que hablaba Bill Margold ha creado mecanismos de autoprotección contra los ataques de las fuerzas conservadoras, cíclicos y que coinciden muchas veces con periodos de crisis sociales y de valores, pero no ha podido detener esta nueva ola de trágicas desapariciones contra las que luchó el periodista que acabó como principal activista de la industria.

 

Yurizan Beltran

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